En los 20 años de la masacre de Machuca

En la conmemoración de los 20 años
de la masacre de machuca

A la media noche la guerrilla del ELN dinamitó en las montañas el oleoducto y unas horas después la población de Machuca, que está cuesta abajo, ardía en llamas. Setenta personas perdieron la vida calcinadas aquella madrugada.

En octubre de 2018 se cumplían 20 años de estos hechos y el recién posesionado presidente Iván Duque decidió que sería bueno realizar una conmemoración. En mi opinión, realmente se trataba de traer a la memoria esta terrible historia para justificar su voluntad de romper los diálogos de paz con el ELN que además eran una herencia del gobierno anterior. Los colombianos somos más proclives a condenar y era la oportunidad perfecta para decir, ‘¿por qué dialogar con un grupo responsable de una cosa tan atroz?’
 
Aquella noche murieron quemados los tres hijos y el esposo Cecilia Mosquera. Ella sufrió quemaduras en el 80 por ciento de su cuerpo. Necesitó meses de tratamientos y cirugías para para superar las heridas físicas. En cuanto a lo emocional y psicológico, es un proceso que aún no termina.
 
Para la ceremonia de los 20 años le pidieron precisamente a ella que prepara unas palabras en nombre de las víctimas. Hasta última hora, cuando ya habían aterrizado los helicópteros del presidente y sus ministros y habían llegado los medios y los invitados especiales, no dejaban de pasar los vecinos por su casa para pedirle que no olvidara incluir esta o aquella solicitud en su discurso. Que la construcción de una vía, que la reparación de la escuela, que el centro médico que les prometieron después de la tragedia y que no les han cumplido, que la legalización de la minería artesanal…
 
Todo o casi todo eso que le rogaban sus vecinos lo mencionó Cecilia en el discurso que llevaba escrito a mano. Pero había dejado una sorpresa para el final. Dejó a un lado sus papeles (que una y otra vez habían leído y releído sus amigos para aprobar y desaprobar), volteó a mirar al presidente (que a duras penas había puesto atención hasta ese momento) y sin libreto, saliéndole del corazón, le habló mirándolo a los ojos. Le dijo que por favor insistiera en los diálogos con el ELN, que no renunciara a la solución negociada, a buscar la reconciliación, el perdón, a perseguir la paz sin armas. Aunque seguro que en el fondo la mayoría de sus vecinos estaba de acuerdo con esa solicitud, todos sabían que no era precisamente lo que quería escuchar el presidente. Para los de protocolo y los de la oficina de prensa de la presidencia fue un fuerte baldado de agua fría.
 
Unos días después me encontré con Cecilia en un hotel de Bogotá para hacerle este retrato. Cuando terminamos me pidió que la llevara a conocer algunas iglesias del centro de la ciudad. En la capilla franciscana de La Tercera, en la Séptima con 16, ella miraba absorta hacia el altar mayor y yo no me aguanté la pregunta:
 
-¿Cecilia, cómo lograste perdonarlos?
-¿A quiénes?
-A los del ELN
–Todavía no los he perdonado…
 
Luego salimos y, siendo su primera vez en la ciudad, ella estuvo fascinada un buen rato observando a los bailarines callejeros y los cantantes de karaoke del bulevar de la Séptima…
 
Bogotá, octubre, 2018.

Iván duque y Cecilia en la conmemoración de los 20 años de la masacre. Machuca, 2018.

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