Gera, puntería con el tarot

Gera, puntería con el tarot

Gerardina fue maestra de escuela por más de 50 años en toda el área del Patía, al sur del departamento del Cauca. Enseñó a leer y los primeros rudimentos de la ética a varias generaciones. También cantaora, poetisa, declamadora, guardiana de la tradición oral y la literatura popular del Patía. Sin embargo lo que hoy, a sus 90 años, más la mantiene en la mente de la gente es la puntería que le atribuyen con el tarot.

Gerardina aprendió a leer las cartas siendo niña con una compañerita del internado de señoritas y con el pasar de los años se dice que fue afinando su tino. Ahora tiene fama en toda la región. Atiende personalmente o vía celular. Y la agenda la mantiene copada. La buscan para que les ayude a encontrar objetos perdidos, especialmente animales que se extravían en los campos. Para tomar decisiones en los negocios, en el amor…
 
Gerardina dice que hay consultas tan obvias que ni siquiera hay que ver las cartas. Por ejemplo, las personas que llegan enfermas queriendo saber si lo que tienen es un maleficio. Gerardina tira las cartas y sin prestarles mucha atención les suelta su respuesta -la misma de siempre para estos casos-: «veo enfermeras, médicos, aparatos, lo que tiene es que ir a un médico. Las cartas no mienten, váyase al hospital de Popayán…».
 
Gerardina cuenta que hace unos años, cuando la región se puso peligrosa por la disputa entre ejército, guerrillas y paramilitares, de todos los bandos llegaban a consultarla. Un fusil perdido, una sospecha de una traición y cosas de ese tipo. Gerardina echaba el naipe y siempre en algún punto les decía cosas como: «veo un amor, amigos, un hogar feliz lejos de la guerra. Por allá sin armas. El naipe en eso nunca se equivoca…»
 
Gera no sabe qué fue de todos esos combatientes, pero siempre que pudo habló de la mieles del destino de quien elige la paz. Y no se siente mal «les estaba diciendo lo que es una verdad. Allá afuera había una mejor vida esperándolos».
 
Corregimiento de Galidez, Cauca, 2019.
 
Pd.: Esta historia la encontré en una comisión de trabajo para el proyecto ‘La vida querida’, de la Fundación Avina.
 

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