Sustitución de cultivos ilícitos

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No es soplar y hacer botellas

Hasta hace un tiempo en Briceño, Antioquia, no se vivía de otra cosa que de coca. A pesar de esta dependencia, la comunidad decidió vincularse al programa de sustitución de cultivos ilícitos. Se respira un ambiente nuevo pero están surgiendo asuntos complejos

Artículo publicado en el libro «Vidas sin coca. Historias y retratos de sustitución voluntaria«, del Alta Consejería Presidencial para el Posconflicto en 2017.

* Los nombres de algunos personajes de esta historia fueron modificados para proteger su identidad.

Hasta hace apenas seis meses, el municipio de Briceño, en Antioquía, no vivía casi de otra cosa que de coca. A pesar de esta dependencia, de manera unánime y sin muchas objeciones, sus 35 veredas decidieron vincularse al programa de sustitución. Por lo menos 11 veredas ya arrancaron la totalidad de sus matas. Las restantes 24 están en medio de esa tarea. Así que allí el Programa Nacional Integral de Sustitución va avanzando. El municipio respira un ambiente totalmente nuevo y crece la esperanza. Pero están surgiendo asuntos complejos que indican que el proceso no va ser nada fácil y que se va a necesitar un esfuerzo de fondo y sin precedentes de parte del Estado y de todas las partes involucradas para no defraudar a las comunidades.

 

TERRITORIO COMANCHE

Eran colonos que llegaron ávidos tras la madera de estas montañas. Tumbaron y vendieron la mayor parte del bosque y luego echaron sus pequeños cultivos de pancoger. La tierra es buena y daba fríjol, maíz, yuca, cacao, café, algo de arroz. También cazaban, tenían gallinas, un par de cerdos para el engorde. Un palo de guanábana por aquí, unos naranjos por allá. Pero era tan solo una economía de subsistencia en un territorio escarpado, olvidado, con pésimos caminos. Una que otra cosa se subía a lomo de mula y con dificultad se bajaba al pueblo para comprar un machete, las velas para la lumbre, las pilas para la radio. Familias campesinas muy pobres.

En ese ambiente se apareció la coca. Unos dicen que fue hace cincuenta, otros que cuarenta años que empezaron a trabajarla. Pero lo cierto es a mediados de los noventa era muy difícil encontrar una familia bregando para sacar adelante un cultivo de tomate de árbol. La fiebre fue tal que para meter coca le echaron sierra al cacao, al café, a los mangos. Hoy la fruta, los huevos y la mayor parte de la canasta familiar llega los miércoles en chivas provenientes de Medellín. La administración municipal señala altos índices de desnutrición en niños y adultos.

Algunos campesinos dicen que la coca entró a Briceño en los años 70, otros dicen que en los 80. Pero lo cierto es que, exceptuando la producción de leche, para el año 2000 la base de coca era el principal motor económico de esta convulsionada zona del Norte de Antioquia. Esto hizo que la región se convirtiera en escenario de una fuerte disputa territorial entre el Bloque 36 de las Farc y el Bloque Mineros de las AUC. Durante los diálogos de paz en la Habana, Briceño fue seleccionado para realizar los pilotos de sustitución de cultivos ilícitos y de desminado humanitario.

Adolfo Guarín tiene 29 años. Con tan solo 12 se dijo que para qué escuela, e inició su propio cultivo. Como todo el mundo ya la trabajaba sabía cómo preparar la fruta y manejar el semillero. El momento justo para trasplantar las matas, la distancia de siembra, el abono de levante, los baños para manejar el grillo, la chapola, el mojojoy y otras plagas. A los 18 meses sacó su primera raspa. En esta región no se vendía la hoja, sino que todo cultivador, grande o pequeño, utilizaba lo que llaman una ‘caleta’ donde se preparaba la base.

Adolfo echó su primera cosecha en la pista de secado. La picó con la guadaña y la mezcló con el cemento. Esa mezcla la metió en canecas con gasolina, luego agregó ácido sulfúrico y vio cómo el agua se ponía oscurita, como le habían enseñado. A esa mezcla le echó la perga y luego la soda y entonces apareció lo que él llama la miel, la mercancía, un líquido bien blanco que rápido se fue convirtiendo en una pasta.

—No había que transportarlo ni bregar con eso, era apenas una bolsita de dos libritas y en ese entonces pasaban a recogerlo a la puerta de la casa. Pago al contado. Descontando jornales y gastos de insumos —se los fiaron en el casco urbano de Briceño— me quedaron dos millones y medio de esa primera raspita. ¡Ah! ¡¿Qué?! Me fui al pueblo a gastármelos.

—¿Y usted era el único niño con su propio cultivo de coca?

—¡No hombre! ¡Había pelaos de once años con su buena pistola en la pretina!

Su padre, hoy con 99 años y dos hijos muertos, nunca entró al negocio. Siempre les dijo que de eso tan bueno no daban tanto, y tenía toda la razón.

“Se veía la plata pero no salimos de pobres. En cambio sí nos trajo fue mucha violencia”, es el argumento que se escucha por doquier. Para muchos se debe a que el grueso de las ganancias eran para los traficantes y a que la coca creó una cultura del consumo y el derroche perniciosa. Adolfo juntó la plata de los primeros pagos de la cuota de sustento y construyó una nueva casa con bases de cemento y paredes de ladrillo. También construyó un cuarto aparte para sus gemelos, una cocina y  una cochera para empezar a engordar cerdos. 


El tamaño normal de los cultivos en esta zona era de media hectárea, es decir, unas cinco mil matas. Jaime Jaramillo era una de las pocas excepciones. Tenía unos treinta mil árboles, un cultivo grande para el promedio de Briceño. Eso le producía veinticinco libras de base cada dos meses.

A 1 150 000 pesos la libra, eran unos 28 millones bimensuales. Sacando los gastos —recolectores, insumos, precursores químicos—  se ganaba unos cinco o seis millones de pesos al mes. Una suma muy difícil de conseguir por acá. Estuvo casi diez años en ese negocio y hace seis meses arrancó toda su coca. Actualmente se siente en el limbo económico, pero dice que no se arrepiente.

—¿Por qué?

—Porque perdí mucha gente querida y porque muchas veces estuve muy cerca de la muerte. Una vez los paramilitares me tuvieron amarrado a un palo dos días para matarme. En otra ocasión fue la guerrilla a buscarme a la casa. Hasta debajo de la cama me buscaron. Me tocó irme con lo que tenía puesto. Prefiero la paz que tenemos ahora.

—¿Y por qué lo querían matar?

—Por todo, esto se volvió un pandemónium en el que mataban por todo. Si un comprador le ofrecía más plata por la mercancía y usted le vendía, lo mataban a él y a usted por venderle. Si le vendía a los paras, lo mataba la guerrilla. Si le vendía a la guerrilla, lo mataban los paras. Diario había muertos. En el pueblo, por los caminos. Había enfrentamientos día y noche entre el Frente 36 de las FARC y el Bloque Mineros de las AUC por el control de la zona. La guerrilla contra el ejército, la policía. Muchos caminos los minaron, fijaron fronteras… A los consumidores los mataban. Si usted cruzaba mal un límite, si se movía a ciertas horas, muerto. Que porque usted era informante de este o del otro. Que porque venía de Ituango, que porque una cosa o la otra. Muertos, muertos, muertos todos los días.

—¿Y si usted era periodista?

—Amigo, muerto fijo. Pero vea usted, a Dios gracias las cosas han cambiado…

Ana Milena Bedoya y Cristina Quiroz son estudiantes de último semestre de Derecho de la Universidad de Antioquia, sede Yarumal. Salieron muy de madrugada en una chiva para dictar un taller sobre el Derecho de petición y la Acción de tutela a 20 jóvenes de la vereda el Robledal. Al día siguiente madrugarán nuevamente para visitar la vereda Travesías donde esperan realizar un taller de reconstrucción de la memoria histórica con campesinos de la zona. Se movilizan por estos olvidados caminos solas, sin ningún distintivo, sin carros oficiales, sin compañía de ningún funcionario o fuerza pública. Una osadía que nadie se hubiera atrevido a realizar un tiempo atrás. Una muestra de cuánto ha cambiado la situación de seguridad en la zona. El transporte por estas veredas es precario, deberán esperar por lo menos tres horas antes de que baje la única chiva que realiza el recorrido hacia Briceño en la tarde.  

LA TIERRA PROMETIDA

El Acuerdo de Paz para la Terminación del Conflicto colombiano contiene solo los lineamientos, los principios para la construcción de una paz duradera. La filigrana, los detalles de cómo debe hacerse cada cosa ha tenido que ir construyéndose. Durante la fase de diálogos en La Habana, las partes acordaron entonces adelantar un piloto para ver cómo era que se iba a ejecutar la sustitución de cultivos ilícitos, incluida en el punto 4 del Acuerdo —Solución al Problema de las Drogas Ilícitas—. Vale la pena mencionar que el objetivo de la sustitución no es solo arrancar las matas de coca. Lo que se propone es arrancar las condiciones de pobreza y abandono que llevaron a las familias campesinas a hacer parte de esas economías ilícitas. En otras palabras, erradicar la coca creando escenarios para que el campesino pueda llevar una vida digna en la legalidad. Pues bien, el municipio escogido para llevar a cabo el piloto de sustitución fue Briceño.

El municipio no cuenta con vías de acceso aéreo o fluvial. Tampoco  con red vial primaria. Entre las veredas existe sólo una  vía terciaria en pésimo estado. Esto dificulta la conectividad con el área metropolitana, municipios vecinos, así como al interior del municipio mismo; situación netamente desfavorable para la comercialización de productos y movilidad de la población.

De las 35 veredas, once estuvieron de acuerdo en ser el conejillo de indias para el piloto. ¿Por qué aceptaron? Unos tienen razones más pragmáticas que otros, pero las respuestas son más o menos las mismas: porque ahora que no estaban las FARC; nadie iba a defenderlos de la erradicación forzada. Porque a final de cuentas los que se habían enriquecido eran otros, el campesino seguía pobre. Y porque querían vivir en paz, tranquilidad era lo que más codiciaban ahora. Si era cierto, como les dijeron, que el programa traería inversión para ayudarlos a salir de la pobreza, entonces que ellos se la jugaban.

Por más de un año participaron en reuniones, juntas, asambleas. Para hacer las discusiones más ordenadas organizaron cinco mesas temáticas que bautizaron así: Tierra, aguas y medio ambiente; Infraestructura; Desarrollo productivo; Desarrollo social; Seguridad. De todo eso, produjeron sendos documentos con conclusiones. El 27 de enero de 2017, superada la tormenta del plebiscito y consolidado el Acuerdo Final, por fin el Gobierno lanzó oficialmente el Programa Nacional Integral de Sustitución, dicen ellos, basado en todos sus aportes.

Fabían de Jesús Vasquez. 36 años. Tenía un cultivo de 3 hectáreas. Recibió su primer pago de ayuda alimentaria en los primeros días de noviembre. Ahora tiene 60 días para arrancar sus 17 mil matas. “Estábamos muy equivocados, no nos estaba dejando si no muertes y malas costumbres. Lo que no sé es cómo vamos a hacer para sacar en el futuro, diga usted, una tonelada de tomate de estas montañas.”

El primer paso de ese Programa es la puesta en marcha del Plan de Atención Inmediata (PAI). Este Plan trae un paquete de ayudas por 36 millones de pesos para las familias que sembraban y también para las familias que no tenían coca, pero que estaban en medio de la producción. Esa plata se distribuye a lo largo de dos años así:

PRIMER AÑO

  • 1 000 000 de pesos mensuales por doce meses para el sostenimiento inmediato, ahora que se quedan sin la coca. Una vez la familia recibe el primer desembolso, tiene sesenta días para arrancar las matas. Naciones Unidas hace la verificación de los lotes —tajos, como les dicen los campesinos— antes y después de arrancar. El que no levanta sus matas en ese plazo no recibe los siguientes pagos.
  • 1 800 000 pesos para un proyecto de autosostenimiento. Una huerta, un cultivo de fríjol, de maíz. El pancoger que tenían antes de echarle machete para reemplazarlo por coca.
  • 9 000 000 de pesos para un proyecto de ciclo corto. Unas marraneras, unas gallinas ponedoras. Algo que no sea solo para el consumo de la casa, sino que les ayude a obtener ingresos.

  SEGUNDO AÑO

  • 10 000 000 de pesos en especie para un proyecto productivo de largo aliento: café, cacao, un galpón con gallinas ponedoras, una buena marranera. Incluye asesoría y acompañamiento para el diseño y puesta en marcha de sus ideas. Una vez el campesino tenga bien armado su proyecto, el Gobierno le dará los insumos para hacerlo realidad.

Para los recolectores y las mujeres que cocinaban en las caletas, se contempla un contrato de trabajo por doce meses con un salario de un millón mensuales. ¿A qué se dedicarán? A realizar algunos trabajos de recuperación en las veredas o a estudiar, eso es al menos lo que establece el Acuerdo.

 

Dairo Alberto Gómez y su hijo Emiliano. Durante 10 años Dairo vivió de la recolección de coca. Es padre soltero. A Dairo le gusta la idea de estudiar para poder recibir los pagos mensuales de un millón para los recolectores. Sin embargo dice que no tiene mucha inclinación hacia la agricultura, le gusta la ebanisteria, y quisiera formación en ese campo. Sin embargo todo el mundo rumora que la formación será sólo sobre temas relacionados con el cultivo de la tierra.

Los tajos, especialmente los más grandes, tenían una caleta donde se procesaba la base de coca. En la caleta siempre había una cocinera encargada de atender a los quince o veinte raspadores que arrancaban la hoja. Liliana Andrea Pérez estudió sólo hasta segundo de primaria y desde los 14 años se dedicó a la recolección de la hoja y luego desembocó en la cocina. El Plan de Atención Inmediata incluyó a estas cocineras en la misma categoría que a los raspadores. A Liliana le preocupa es que le toque ir estudiar, porque dice que no sabe leer ni escribir, sólo firmar.

 

Las 11 veredas del piloto empezaron a recibir el millón mensual de sostenimiento en junio de este año; ya van por el sexto pago. Las otras 24 veredas se contagiaron y firmaron los acuerdos colectivos e individuales para iniciar la erradicación. Muchos no lo creerían, pero la mayor parte de la coca de Briceño ya está arrancada. La que no, está en proceso. La seguridad y el ambiente de la población es ahora otro. Según Medicina Legal, a noviembre de 2017 solo se han presentado dos homicidios. Con este cambio llegaron instituciones del Estado que hacían falta, como la Fiscalía o la Procuraduría. Crece la esperanza y se siente el cambio, pero también empiezan a aparecer problemas e imprevistos que ponen en riesgo lo logrado hasta ahora.

La tranquilidad y la seguridad los tuvo satisfechos un buen tiempo, pero ya se van acostumbrando al encanto de esa sensación y empiezan a aflorar otras dudas, dudas que tienen que ver con asuntos profundos sobre el funcionamiento del programa. Dudas sobre cómo es que van a poder progresar ahora en la legalidad.

LOS OBSTÁCULOS DEL CAMINO

La única notaría que existe en Briceño amaneció abarrotada de campesinos. Algunos salieron de sus veredas muy de madrugada para llegar primeros. Son todos beneficiarios del Plan de Asistencia Inmediata que necesitan presentar una documentación sobre sus terrenos para poder recibir el siguiente pago. Un requisito, dicen, que recién se inventaron los del gobierno. Como las diligencias están tomando tiempo se han albergado en los cafés alrededor de la plaza central para comentar con caras largas sus inconformidades con el proceso. Pero no es fácil entender qué es lo que los abruma. Qué es lo que, según ellos, está marchando mal en el proceso. Se acaloran, se contradicen unos a otros, dan versiones diferentes o dicen que ellos mismos no entienden lo que está sucediendo. Algunos afirman que ya arrancaron sus cultivos y ahora están por fuera del programa. Otros se refieren a unos asesores técnicos que no aparecen. A un paro que están cocinando entre los recolectores. Se angustian pensando cómo van a sacar en el futuro una tonelada de cacao con la carreteras que tienen…

Un anciano de 80 años con una fotocopia de su cédula arrugada en la mano dice que salió de su vereda a las 3:00 de la mañana. Pagó 30 mil pesos de transporte para llegar al casco urbano de Briceño. Tiene el turno 75 en la notaría y  no cree que vayan a alcanzar a atenderlo ese día. Tendría que pasar la noche en el pueblo pero no tiene dónde. Sólo tiene otros 30 mil pesos para el transporte de regreso.

-¿Y trajo las escrituras de su predio?

-A mí un vecino sólo me dijo que viniera con la cédula. ¿Tocaba traer escrituras?

La única notaria de Briceño lleva tres días abarrotada de público. La razón es que a todos los  beneficiarios del Plan de Asistencia Inmediata les han exigido presentar escrituras, promesas de compraventa o contratos de arrendamiento para poder seguir recibiendo la cuota de sostenimiento. Es la manera como el gobierno espera depurar de impostores el listado de beneficiarios.

 

Definitivamente la situación merecía una aclaración. Buscamos al oficial de Naciones Unidas que acompaña el proceso en Briceño pero nos explica que como parte neutral no está autorizado para dar declaraciones a la prensa. La funcionaria del Programa Nacional de Sustitución no tiene problemas en hablar de las cosas que  están complicando el trabajo allí pero nos recomienda hablar con el hombre delegado por las FARC para el proceso en el Norte de Antioquia.

-¿Y por qué con él?

-Porque las FARC tiene responsabilidad en lo que sucedía acá. Y porque se comprometieron en el Acuerdo a hacer parte de la solución. Eso es muy novedoso y está siendo muy importante. Además trabajan hombro a hombro con nosotros, con el equipo local de la Alcaldía, con las instituciones del Estado. Conocen de primera mano lo que está pasando. Y están teniendo que entender lo difícil y complejo que va a ser esto. Hacerlo bien en el marco de las leyes y los procesos del Estado…    

Javier Aníbal Zapata. 76 años. Beneficiario legítimo del Plan de Asistencia Inmediata aunque nuca sembró coca. Se les identifica como ‘No cultivadores’ y reciben ayuda por ser campesinos rodeados de zonas de producción.

Los campesinos afirman que era el comandante de la zona, pero él no quiere hablar del tema. Se identifica apenas como un excombatiente más al que la organización le ha encargado colaborar para que el proceso allí salga lo mejor posible.  No quiso darnos su nombre de guerra pero su nombre real es Luis Bernardo Piedrahíta.   

Por ser la primera vez que exmiembros de una guerrilla toman parte activa en un proyecto como este, decidimos conocer sus opiniones respecto a las inconformidades que están empezando a aflorar entre la comunidad.  

 

Excombatiente Luis Bernardo Piedrahíta Valencia. Él es una de las dos personas delegadas por las FARC para el proceso de sustitución de Cultivos ilícitos en el Norte de Antioquia. 

 

¿Cuál es su balance del proceso de sustitución aquí en Briceño?

Pues en general debo decir que el panorama es complejo. El tema de las inconsistencias entre los beneficiarios es quizá el problema más notorio en este momento. En estos programas siempre aparecen personas que buscan aprovecharse. Entonces hay gente que se ha venido de otras partes del país a colarse y muchas personas de las comunidades se están prestando para esas trampas. Familias que hace quince o veinte años se fueron de las veredas están volviendo nuevamente para beneficiarse de las ayudas. Frente a eso el Gobierno ha empezado a aplicar una serie de filtros que, a nuestro modo de ver, están generando injusticias. Por ejemplo, empezaron a condicionar los pagos de la asistencia alimentaria a la presentación del Sisbén. Así planeaban determinar si las personas eran o no de aquí o si pertenecían a un mismo núcleo familiar y estaban duplicando los beneficios. Con esa medida resultaron afectadas familias que sí son de aquí pero que ni siquiera tienen Sisbén. En este momento están por fuera y estamos revisando cómo el mismo gobierno solucionar esas inconsistencias. Ahora se procedió a exigirles títulos de tierra, promesas de compraventa o contratos de arrendamiento. Pero va a suceder algo similar: la medida para identificar a los tramposos va a afectar a personas de la comunidad que ya arrancaron sus matas y no tienen estos documentos. Porque muchos trabajaban en un tajo cedido por un vecino en un contrato de palabra, o en un terreno sin escrituras, porque así funcionaba por aquí.

¿Qué otro tipo de injusticias se están presentando?

Gente que no se les ha pagado porque no saben escribir, porque escriben mal la cédula. Son formalismos que no tienen en cuenta la realidad del campo. Y el transporte de las veredas al casco urbano de Briceño es muy caro para ellos. Ancianos de más de 70 años que cuando vienen por el pago, resulta que no está. Pero esas personas han cumplido con sus compromisos y ya han levantado las matas. Eso tenemos que solucionarlo.

Los recolectores han amenazado con iniciar un paro. ¿Cuál es el problema con ellos?

Resulta que se definió que no se podía pagar a los recolectores a cambio de nada, que había que contratarlos a través de un contrato de prestación de servicios por 12 meses. En ese contrato se tiene que estipular con qué actividades de recuperación de las veredas o de estudio ellos deberán cumplir, tal y como se definió en el Acuerdo Final. Pero ningún recolector cuenta con aportes al servicio de salud, pensiones y riesgos profesionales; que son requisitos de la normativa laboral para poder contratarlos. Muchos no tienen idea de lo que es eso. Hay algunos que incluso son analfabetas. Así que no se les ha podido contratar. Por eso y porque además no hay una organización en el municipio que pueda administrar los recursos de esos contratos. Se pensó hacerlo a través de las Juntas de Acción Comunal, pero tampoco tienen la capacidad. Yo que estoy moviéndome todo el tiempo entre las comunidades, puedo decirle que lo más grave de esa demora es que se están desplazando, ¿y a dónde?, quizá a recoger café o a lugares donde todavía funciona la coca. Para muchos, es lo único que saben hacer. Y mientras haya mano de obra…

Herney Jaramillo Martínez. Dejó la escuela a los 11 años para dedicarse a la recolección de coca. Dice que hace mucho que no se emplea. Y el retraso en los pagos para los recolectores lo tiene molesto. En la zona hay algo de café para recoger pero son muchos los recolectores que están de brazos cruzados. Ha pensado muchas veces en irse de la vereda.

¿Cuál es el problema que tiene el municipio para poder contratar el personal?

Me gusta esa pregunta porque me lleva a otro asunto urgente que también está atrasado. El de la asistencia técnica integral. Se definió que el programa de sustitución debía empezar con todos sus componentes a la par. Así que cuando se iniciaran los desembolsos del tema alimentario, también debería arrancar la asistencia técnica. Pero algunas veredas ya van por el sexto pago y la asistencia no ha comenzado. Y eso no es bueno. Si queremos que las familias se hagan sostenibles con otra clase de productos, necesitan acompañamiento técnico. La razón de la demora es que el Gobierno tenía lista una licitación para contratar esa asesoría, pero las comunidades dijeron que ellas querían ejecutar los recursos y tener sus propios técnicos. Tenían un argumento contundente: muchos proyectos fracasaron en el pasado porque la asesoría se entregaba a organizaciones foráneas sin conocimiento del territorio y de sus dinámicas. Pero las Juntas de Acción Comunal, que son las que podían contratar esa asesoría técnica, no están legalizadas, les hace falta capacitación para el manejo de los recursos, no tienen la capacidad para administrar estos fondos. Y ahí ha estado la demora. Debo decir que desde el principio, más de un año atrás, durante los primeros diálogos con las comunidades, ellas demandaron capacitación y asesoría para poder legalizar y fortalecer sus Juntas, pero no les prestamos atención. Y ahora estamos en ese cuello de botella, parados. Buscando alternativas para que llegue cuanto antes la asesoría. Ya tenemos algunas posibles soluciones, pero esta demora está siendo lamentable. Hay otros problemas, pero que son ya externos al proceso.

¿A qué se refiere con externos?

Me refiero a la presencia de bandas criminales. Geográficamente se ha ido creando un cerco alrededor de esta zona, con presencia de grupos del Clan del Golfo y la banda de los Pacheli. Ellos han ido creando alianzas que obstaculizan que este proceso de sustitución voluntaria tome más fuerza entre las comunidades.

Y en cuanto a aciertos, ¿también los hay, o solo motivos para preocuparnos?

No, claro que hay aciertos. Y son muchos. Primero, me gustaría mencionar que estamos haciendo un gran trabajo de equipo. La gente del Gobierno, de la administración municipal, el personal del Programa Nacional de Sustitución, de las Naciones Unidas, el Ejército, la Policía, las comunidades y las FARC. Hemos consolidado un equipo muy sólido de trabajo. Nadie toma decisiones solo. Todo se acuerda, todo se discute. Nadie hace nada por separado. Eso minimiza los errores y le da credibilidad al proceso frente a las comunidades. Y el resto del país también debería estar tranquilo por eso. Porque aquí hay un equipo bien consolidado trabajando por una misma meta.

Otro logro, que a mí personalmente me gusta mucho, es que aquí se ha hecho una socialización muy seria del Acuerdo de paz. Realmente en el país muy poca gente lo leyó o lo conoce a profundidad. Aquí, en cambio, lo analizamos y lo estudiamos muy a fondo con las comunidades. Eso, para mí, es un gran logro.

También es muy importante resaltar el hecho de que el 100 % de las veredas del municipio firmaron sus acuerdos para hacer la sustitución. Eso no ha sucedido en ninguna otra parte. Y debo decir que para que eso sucediera, la participación de las FARC fue fundamental. Tenemos credibilidad en estas comunidades.

Pero algunas personas nos dijeron que lo hicieron porque si ya las FARC no estaban como grupo armado, nadie iba a defender los cultivos de la erradicación forzada.

Eso también puede ser cierto. Pero si las FARC no hubieran estado habría sido diferente. En las asambleas comunitarias los campesinos lo decían: que ellas entraban al programa porque las FARC iban tomar parte. Pero lo cierto es que todas las veredas dieron el paso y eso es una gran victoria. Ahora, si usted mira, once veredas ya arrancaron la totalidad de las matas; trece están en medio de esa tarea y las otras once están a punto de comenzar. Eso también es un logro. Nuestra meta era llegar a diciembre con todos los tajos levantados, pero imprevistos y dificultades nos retrasaron. Pero ahí vamos, estoy seguro de que si seguimos trabajando duro y solucionamos los inconvenientes, Briceño va a estar muy pronto libre de coca.

¿Algún otro resultado que quisiera mencionar?

Sí. La memoria que estamos construyendo de este proceso. Estamos llevando una documentación muy detallada e imparcial de todo lo que se está haciendo. Eso va a ser un documento muy importante para la historia del país, con la versión de todos los que hacemos parte de esto, incluidas las comunidades.

Finalmente, ¿usted sí cree que esta región va a poder dejar de depender de la coca y empezar a vivir de otra cosa?

Mire, en el Acuerdo en el Punto 4, Solución al Problema de las Drogas Ilícitas, quedó establecido que tenía que estar amarrado al Punto 1, el de la Reforma Rural Integral. ¿Por qué? Porque con 36 millones de pesos y una asesoría estas familias no van poder darle un vuelco a su vida. El Punto 1 es el que se propone llevar educación, servicios básicos, carreteras, formalización de la tierra, créditos y todas esas otras cosas de alta envergadura al campo para que el campesino, cocalero o no, pueda salir de la pobreza. Pues recientemente a Briceño han empezado a llegar las agencias encargadas de esa renovación estipulada en el Punto 1. La Agencia para la Renovación del Territorio (ART) y otras. Hasta el momento no hemos podido articularnos y eso tiene que darse rápido. Pero, y esta es mi opinión personal, si nos integramos y logramos traer vías y abrirle mercados a los productos que se van a empezar a producir, creo que estos territorio pueden cambiar.

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Con inconvenientes o no, los campesinos no se han quedado quietos. Sin que lleguen los recursos, muchos de ellos ya están sembrando maíz, fríjol, han ido recuperando sus huertas caseras, con la esperanza de que las cosas se vayan arreglando. El asunto es, dicen, no dar marcha atrás.

Adolfo Guarín es presidente de la junta de acción comunal de la vereda Guarimán. Mucha gente llega a su puerta a quejarse porque no le ha llegado el desembolso, porque no pueden cumplir los requisitos para el pago, preguntándole por qué aún no han aparecido los técnicos para la asistencia. A todo les dice lo mismo, hay que tener paciencia, para cambiar de vida no es ‘soplar y hacer botellas’. Mientras tanto ha decido empezar a recuperar su parcela y está sembrando un cultivo de fríjol.

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